De la colmena hasta tu cocina… hoy queremos compartir contigo una parte importante de nuestro trabajo: la recogida, el procesado y el envasado de la miel. ¡Esperamos que te resulte interesante!

Comenzamos a primeras horas de la mañana para evitar el calor de esta época del año y que las abejas se pongan muy agresivas. En el colmenar, recogemos los panales o cuadros que están llenos de miel y bien sellados u operculados.

El opérculo es el sello que ponen las abejas cuando la miel está en su grado óptimo de humedad.

Es un indicador de que la miel ya se puede cosechar. Si retiras antes los panales sin estar sellados con el opérculo la miel obtenida de esos panales puede fermentar debido a que tiene mucha humedad. Eso significa que las abejas todavía no habrían acabado el proceso de fabricación de la miel, aún tienen que quitarle humedad.

Una vez recogidos los panales, se van sacudiendo o limpiando con un cepillo. Hay apicultores que usan un soplador automático para soplar las abejas, pero nosotros seguimos haciéndolo de forma manual utilizando un cepillo para “barrer” las abejas. Cuando el panal está limpio de abejas lo metemos en alzas y lo tapamos para evitar llevar abejas al almacén (aunque siempre se cuela alguna)

Con las alzas llenas de panales de miel operculada y limpias de abejas nos vamos al almacén para comenzar la extracción de la miel. Lo primero que hay que hacer es quitar el sello.

Hay dos formas de retirar el opérculo: de manera manual con unos cuchillos calientes especiales para ello (nosotros seguimos utilizando este método) o de manera mecanizada con una máquina con cuchillas que se llama desoperculadora.

El extractor

Con ese sello ya retirado los panales se introducen en el extractor. Se trata de una máquina que da vueltas a los panales a gran velocidad por los dos lados del panal y con la fuerza centrífuga sale la miel de las celdillas.

Esa miel va depositándose en el fondo del extractor, que tiene un grifo por el que sale la miel. Aquí pasará por un filtro para quitar impurezas de cera y abejas y posteriormente va a un depósito llamado madurador, donde la miel reposa durante unos días.

La miel pasa del madurador a unos bidones (de 300 kg) para su almacenaje. Esa miel almacenada se cristaliza, por lo que antes de su envasado es necesario introducirla en una cámara de aire caliente (a temperatura muy controlada, nunca superior a 40 grados)

Tras unos días en esa cámara, con la ayuda de una bomba se pasa a los depósitos de acero inoxidable. En ese momento se lleva a cabo un segundo filtrado (con una malla de acero inoxidable) Se trata de un filtro más fino que el primero para quitar las posibles impurezas que queden.

Desde esos depósitos se irá envasando en los diferentes tarros con los que ponemos a la venta el producto.

De vuelta a la colmena

Los panales ya vacíos de miel (cuando salen del extractor) se meten de nuevo en las alzas y se devuelven a las colmenas para que, con la floración de verano, se vayan llenando de nuevo. Entre septiembre y octubre, cuando llevamos a cabo el segundo corte, repetimos el proceso con la miel de otoño.

Y después del segundo corte las alzas melarias con los panales ya vacíos se conservan en un lugar fresco hasta la floración de la siguiente primavera, cuando se colocan de nuevo en las colmenas.